"Érase una vez, en un país muy lejano, una hermosa princesa, independiente y con una gran autoestima que, mientras contemplaba la naturaleza y pensaba en cómo el maravilloso lago de su castillo cumplía con todas las normas ecológicas, se encontró con una rana.
Entonces, la rana saltó a su regazo y dijo:
"Hermosa princesa, yo era antes un hermoso príncipe. Una pérfida bruja me hechizó y me transformé en esta asquerosa rana. Un beso tuyo, sin embargo, me transformará de nuevo en un bello príncipe, podremos casarnos y formar un hogar feliz en tu hermoso castillo. Mi madre podría venir a vivir con nosotros y tú podrías preparar mi comida, lavarías mi ropa, educarías a nuestros hijos y viviríamos felices para siempre."
Aquella misma noche, mientras saboreaba unas ancas de rana salteadas, acompañadas de una cremosa salsa con cebolla y de un finísimo vino blanco, la princesa sonreía y pensaba:
¡¡Ni muerta!!
Texto: Luis Fernando Verdísimo.
Fotografía: Shannon D. Miller.

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